QUE TENGO QUE APRENDER?

Esta es la primera pregunta. Nada más debería existir en tu interior, ninguna otra duda, ninguna otra cuestión, ninguna otra búsqueda.


La vida se compone de eventos, y por ende, no hay forma de almacenar absolutamente nada. Para qué guardas tanto? Solo puedes utilizar tus vivencias como el periódico del día, si lo lees e interiorizas el mismo día, habrá valido la pena lo que pagaste por él; pero si lo guardas para más tarde, no habrá servido de nada, no te aportará ya lo mismo. Lo que tenías que saber, es ahora historia, y ya no sirve más que como información; porque la vida no se detiene a respirar ni un segundo, y cada uno de estos segundos es tan profundo que sobre ellos podrías escribir millones de libros. Imagínate, cuánto pierdes cada vez que te olvidas de vivir.

Los eventos están aquí para aprender. No importa si crees en la reencarnación o no, o en la eternidad, o en el Karma, o en el cielo, o en el paraíso, lo cierto es que la vida es un trayecto largo, y si logras aprender algo, por pequeño que sea, te va a servir para vivir mejor, en esta misma vida. Así que olvida lo demás: Estamos aquí para aprender; para esta existencia o para la otra, y entre más rápido lo aceptes, más pronto empezará a cambiar tu entorno.

Seguimos olvidando lo primordial, nuestra propia vida, y todo el conocimiento que encierra.
Lo han dicho los iluminados de de mil maneras distintas; pero no hemos querido escuchar; preferimos seguir recitando sutras, rezos, cantos, salmos y mantras, sin darnos cuenta que la verdadera oración, que la verdadera devoción está en todo aquello que nos rodea.

Si quieres ser feliz, reconoce y acepta lo que te rodea, lo consideres malo o no. El mundo no va a cambiar, lo único que puedes hacer, es cambiar tú, y ser tan claro contigo mismo, tan real, que a través de tu ejemplo, seas una inspiración para otros.

Entonces, y solo entonces llegará la verdadera revolución Universal.

Solo eso. Pregúntate a diario: Qué tengo que aprender de… mis exageradas reacciones, de mi desconfianza, de la infidelidad de mi pareja, de la muerte de un ser querido, de mis hijos, de mis enemigos; de cualquier evento, por sencillo que sea: De la congestión vehicular, de las oficinas del gobierno, del mal servicio, de la injusticia; sin ninguna apreciación inicial, sin ningún sentimiento.

Pregúntate: Qué tengo que aprender?
Cuando logres respuestas, comenzarás a descubrir que todo, absolutamente todo es necesario para ti y para y para el desarrollo de la humanidad. Todo, así de simple. Si entiendes verás las cosas de otra manera, y no todo será una tragedia en tu vida; y en especial, no vivirás buscando culpables. La culpa de todo lo que sucede es tuya; hasta de lo que crees que no tiene que ver contigo. La culpa de los maremotos, temblores, guerras, engaños, peleas… todo, todo es culpa tuya. Porque tus acciones, por pequeñas y lejanas que sean, son como las ondas creadas por una piedra que cae en el agua. Tu eres la mano, la piedra es tu acción, las ondas son la consecuencia de esa acción; y si miras el lago después de lanzada la roca verás que las ondas alteran el entorno de todos los que ahí habitan; se van extendiendo, cada vez más suaves, hasta que terminan desapareciendo; pero indudablemente tocan a todos.

Algunos le llaman a esto, El efecto mariposa: El simple aleteo de una mariposa, es la causa de un ciclón al otro lado del mundo”. Entiendes ahora? Recuerda que no estás solo y no puedes seguir buscando culpables, hasta que no encuentres al culpable mayor que eres TÚ.
Y si vas más al fondo, descubrirás entonces que NO existe la culpa, solo es una palabra, pues el creador de dicha culpa, en definitiva, terminaría siendo Dios: El culpable Supremo. Pero no es culpa como tal; simplemente son las acciones necesarias para que tú puedas caminar. Depende de ti, si decides aprender algo de este enorme libro que es la vida misma, lejos de las ataduras de tu mente, depende de ti, descubrir que no existen culpables; solo existen eventos y que de dichos eventos está compuesto todo lo que te rodea.

Tú no eres la figura en el espejo, eso ya lo sabes, o crees que lo sabes, porque tú eres un evento. Cuando hablo de ti, no es tu fotografía la que veo, es todo tu evento; y eso es: tu nacimiento, tus padres, tu educación, tus amores, tus heridas, tus triunfos, tus fracasos, tus hijos, tu esposa, lo que aprendiste, tu escuela. No eres solo un montón de carne, no; eres una serie de eventos llamados TÚ, reconócelo. Cuando mueres, muere la carne; pero los eventos, que son realmente TU, han quedado para siempre en el corazón de los demás; así que esfuérzate por que esos eventos que son tu vida, que constituyen tu realidad, estén llenos de la filosofía más pura y real.

Medítalo y Actúa.
EL EXORCISTA


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