Empiezo con algo de atrás:
“Tú eres el pez; Dios es el océano. Que son el uno sin el otro?
Más importante es que estés TU presente y preparado para el pez... o para el océano; para el que te pueda necesitar”
Lo digo; porque quiero dejarte claro, que no pretendo convencerte de nada; si así fuera, estaría agrediendo mi propia filosofía.
Tú no debes permitir que nadie te convenza de nada, porque de lo contrario, todo en ti sería prestado. Podría ser la verdad pura, pero no sería la tuya. La razón es simple; la vida, la felicidad no se pueden enseñar, ni aprender de nadie. Es como cuando te enamoras. Puedes meterle toda la lógica que quieras, tus padres y amigos te pueden dar consejos y explicaciones sobre este proceso; pero ninguno te podrá decir cómo o qué sentir. Tu solo lo descubrirás; y eso que descubres (Las mariposas en el estómago, la ansiedad, el deseo), solo lo sabrás tú, y aunque lo tengas claro, jamás se lo podrás enseñar a otro. Las cosas del espíritu son vivenciales, no vale ninguna explicación.
Por eso se han inventado la mejor frase: “El amor es ciego”; es cierto, el alma también lo es. Si tu cuerpo fuera ciego, quizás valorarías más tus vivencias, tus sentidos… Pero como generalmente ves más de lo que realmente deberías ver, siempre estás en problemas.
Mi deber no es convencerte. Yo solo estoy aquí, para recordarte. Para hablar de temas que dejamos siempre de lado. Lo que te guste, léelo cuantas veces quieras; lo que no, bórralo; pero este proceso hará que estés discurriendo, pensando, y despertando palabras y sentimientos que tal vez tenías dormidos; y si no estaban dormidos, pues se estarán ejercitando tus conceptos. Esto es un gimnasio de sentimientos… nada más.
En todo este proceso llamado vida, sucederán muchas cosas. A veces seremos inteligentes, otras veces no tanto. Unas veces diremos cosas que luego contradeciremos, y más tarde volveremos a reafirmar. Unas veces nos sentiremos buenos en la mañana, y malos en la tarde; y luego buenos otra vez. Las equivocaciones, que no lo son realmente, vendrán una y otra vez a nuestras vidas, así es que no hay que preocuparse tanto por las cosas; no hay forma de que busquemos la perfección; YA SOMOS PERFECTOS, en nuestra maravillosa humanidad, somos perfectos. Esta perfección se basa en nuestra belleza primordial; la de ser cambiantes, móviles, contradictorios, impredecibles. “Qué bueno que no somos máquinas”. Esta es la maravilla del ser humano, alégrate de serlo.
Por eso, cada vez que te equivoques, no te deprimas, no. Acepta que tus equivocaciones son normales. En este aceptar vas a empezar a entender muchas cosas; pues el peor error es ese de tratar de olvidar lo sucedido. No lo debes olvidar; debes aprender de la única persona que sabe realmente cómo y quién eres. Debes aprender de ti mismo. NO IMPORTA cuántas veces te tengas que repetir una lección, NO IMPORTA cuántas veces tengas que intentarlo. Esta es una universidad de más de 100 años, si te cuidas; y si crees en otras vidas, pues es una universidad eterna. Claro que debe ser bastante molesto estar en la universidad eternamente, no? Por eso estamos hoy aquí. Descúbrete, acéptate y gradúate con honores.
El secreto está en el pensamiento Zen, practícalo; pero no tragues entero. Hazlo tuyo, deja que florezca en ti y encuentra tu propia filosofía Zen, la que está dormida dentro de ti: “Aceptación total. Todo es bello, todo es necesario”. Olvida todas las tonterías que empañan tu visión, tus sentidos… Son solo eso, tonterías. No dejes que nadie te diga nada distinto.
Piensa en esto por favor: “Aunque no lo creas todo es tal y como debe ser, no falta nada. En este mismo momento todo es perfecto”
Repítelo todos los días, hasta que tomes el sentido correcto. Si logras entender estas palabras, si logras vivirlas, mañana serás otra persona.
Hoy te digo: El equilibrio es la base de la felicidad, y la felicidad es el puente a la iluminación. No tienes nada que buscar, ya estás en la meta; solo debes darte cuenta.
Medítalo y Actúa.
EL EXORCISTA
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