SOY UN FRACASADO, ES VERDAD

Muchas veces me han llamado fracasado.
Otras tantas yo mismo me sentido como tal.
Ahora sé que es verdad. Con alegría acepto que soy un fracasado en esta sociedad.
Pero si fuera la sociedad la que ha fracasado, en donde quedaría yo?

Bueno, es que el fracaso como el triunfo es parte de la misma moneda, de la misma cara. 
Lo que a veces es triunfo, también encierra al fracaso y viceversa.

Socialmente nos ha gustado categorizar a las personas por sus logros profesionales, por sus capacidades económicas o por su estado de reconocimiento; lo que no entre en este rubro corresponde a la saga de fracasados;
Y entonces rio de solo pensarlo.

Ahora te pregunto: Que es el triunfo, que es el fracaso?
Como puedes saberlo?

Crees que realmente tiene que ver con la capacidad de conseguir dinero o reconocimiento?
Cuantas personas que conoces lo tienen todo, y no tienen nada?
Cuantos ricos en el mundo sufren de soledad?
Por qué crees que los países más ricos y avanzados, son a la vez los más tristes, vacios y suicidas del mundo?

Porque no importa lo mucho que consigas, no importa cuánto ganes, no importa hasta que punto llegue tu poder, ya que el corazón del hombre tiene la increíble capacidad de desmaterializar absolutamente todo.

Lo que antes era importante para ti, lo que deseabas y ansiabas, y con lo que estabas seguro serías feliz, pierde todo su color, su sentido, su valor una vez es tuyo. La misma esposa, el mismo esposo que soñabas tener en tus brazos, hoy es parte de la colección de tus posesiones; ahora miras a las esposas y esposos de otras. El mismo auto, la casa, el trabajo que antes aspirabas tener, hoy te generan gastos, peligros y dolores de cabeza; y entonces recuerdas cuando eras un niño, cuando eras una niña, y no te preocupabas por las cosas del mundo. Eras feliz, no poseías nada y no necesitabas nada. Con cualquier cosa te divertías, y eras feliz.
Simplemente porque no buscabas la felicidad. Sabias por pura lógica que estaba ahí.

Luego saliste al mundo, y como por arte de magia tu felicidad se traslado a las cosas materiales, y dedicaste tu vida a correr tras de ella.  Serias feliz cuando tuvieras trabajo, y cuando lo tuviste, decidiste, que serias más feliz, cuando vivieras solo, lejos de tus padres, y cuando lo lograste, descubriste que tu felicidad estaba en el auto de moda, en la mujer que te gustaba, en el asenso, en tener la vida de tu jefe, en el dinero... En tener tanto dinero que no tuvieras que preocuparte ya por nada más.

Y entonces te diste cuenta que tu felicidad se dividía en tantas cosas, que era imposible alcanzarla en esta vida. Un día, y perdido entre tanta búsqueda, decidiste entonces buscar a Dios; y te volviste católico, evangélico, testigo, musulmán, judío, hindú, protestante, cienciólogo; y te llevaste el susto de tu vida, porque… Quien lo diría? allí tampoco estaba la felicidad, no era posible, pues todo lo que has buscado, todo lo que has querido ha sido única y exclusivamente para satisfacerte a ti mismo. Porque incluso has buscado a Dios para ser feliz tú; para colgarlo también como trofeo; porque sigues pensando que la felicidad esta en tu satisfacción personal, y por eso te equivocas: Porque lo único que quieres es triunfar, y nuestro triunfo se refiere exclusivamente a la posesión.
Poseer, ser dueño de... incluso has querido poseer la verdad sobre Dios, y es por eso que se te esconde.

Hoy te digo: Tienes que fracasar, por lo menos a nivel social tienes que fracasar. No puedes seguir buscando la felicidad afuera, porque entonces vas a gastar tu vida almacenando cosas para otro, pues cuando mueras, todo lo que conseguiste NO se irá contigo; y le habrás pasado a tus hijos, la misma maldición. Eso es lo que quieres? que ellos vivan tan perdidos como tú? 
Enséñales entonces donde está el verdadero valor; enséñales a fracasar y a ser felices ante los ojos inquisidores de aquellos que siguen creyendo que la verdad está en la billetera. Que ellos sigan temerosos cuidando sus posesiones y alabando a un Dios comprado y creado a su imagen y semejanza. Un Dios que solo vive para servirle a ellos y a sus intereses, y que incluso cuida y protege sus “adquisiciones” de las mentes perversas de nosotros los fracasados.

Tú sabes que lo que te digo es cierto, pero todos los días de tu vida lloras y sufres porque no tienes nada, o porque los demás se han aprovechado de ti, y ahora ellos triunfan y tú has fracasado. Entonces alégrate. Si te han quitado tus cosas, ALEGRATE. Te han dado una nueva oportunidad de mirar hacia el lado correcto. Descubre que tienes que aprender? Enséñales a los que amas que no necesitan nada para ser felices, que pueden sobrevivir a los engaños, a los robos, a las mentiras y a la muerte; porque Dios está ahí, a la distancia de su dedo.

Si tienes mucho, perfecto, disfrútalo, te lo has ganado;
pero no dependas de ello, porque no te pertenece, y tarde que temprano lo perderás.
Si alguien lo necesita de verdad, compártelo.
Si no tienes nada, perfecto, disfrútalo, te lo has ganado;
tienes la oportunidad de darte cuenta que no necesitas nada para ser feliz.
Cuídate de la sociedad y de sus mentiras que para ser alguien NO tienes que tener este carro, esta casa, esta ropa.
Para ser alguien NO necesitas tener nada.

Di con orgullo, NO SOY NADA, entonces nadie podrá lastimarte o robarte; no podrás ser fracasado o triunfador, no podrás sentir dolor, ni ansiedad, ni depresión; porque al aceptar que no eres nada, nadie tendrá nada que llevarse.
La felicidad radica en eso, en no ser nada.
Sé que es difícil entender.

Dirás que soy estúpido: “Si soy un Dios en potencia, como que no soy nada?” Bien, eso también es Dios, la NADA.
Si no eres nada, que puedes entonces desear? o necesitar?
Si no eres nada que te pueden robar?
Quien puede herir o matar a la nada?
Si estas lejos de todo, y haces parte de todo a la vez, entonces serás feliz.

Imagina si el príncipe Siddhartha existiera en persona hoy en día. Luego de salir en revistas, de ser reconocido, envidiado, venerado por sus riquezas, decide a la edad de 29 años dejarlo todo y pasar el resto de su vida mendigando. Que fracasado, no?
Bueno, si eso no hubiera pasado hace algo más de 2.500 años, jamás hubiéramos conocido a Buda, y nos habríamos perdido de sus maravillosas enseñanzas.
Tremendo fracasado que sería Buda, hoy en día.

Si Jesús hubiera nacido en nuestro tiempo, le hubiera tocado meterse de político, porque hoy en día nadie seguiría a un carpintero. Jesús, en nuestra época no sería más que un don nadie, con buena labia, pero in-aportante. Quien seguiría a una cantidad de personas pobres y sin educación? No, hoy en día seguimos a quienes han triunfado y conseguido sus metas económicas, y quienes pueden comprar desde cosas materiales, hasta inmateriales, como las conciencias y creencias de la humanidad.
Imagínate, que gran fracasado que habría sido Jesucristo.

Por eso el libro EL SECRETO se lee con más interés que la biblia. Porque nos ensena a conseguir. El BHAGAVAD-GITA, no. El TORAH, no.

La sociedad hoy te ensena a poseer.
Los iluminados, en cambio, te enseñan a no poseer.

Hoy en día medimos al hombre y a la mujer por su capacidad de comprar, de ahorrar de ganar. Por su inteligencia para los negocios, por su viveza, por sus estudios. Hoy en día le creemos al que más tiene, reverenciamos a los poderosos, nos sentimos orgullosos de ser amigos de aquellos personajes públicos. Ayudamos y gastamos nuestro amor y admiración en aquellos que no nos necesitan y olvidamos a los que realmente nos necesitan.
Respetamos y reverenciamos a nuestros jefes, porque dependemos de ellos. Que triste. Si mañana tu familia desapareciera, te arrepentirás de no haberlos respetado y reverenciado a ellos; porque ellos si te necesitaban.

Hoy reconozco: NO SOY NADA, y como tal, soy absolutamente TODO, porque la nada es lo único siempre presente.
Aquí, ahora.

Ahora una fábula:
La bolsa de los deseos
Autora: Graciela Heger A.
Un emperador iva a salir de su palacio para dar un paseo matutino, cuando, a las puertas del mismo, se encuentra con un mendigo.
Suponiendo el pedido de una limosna, le preguntó: 
- ¿Qué quieres?
El mendigo lo miró y le dijo: 
- Me preguntas de una manera... como si tu pudieras satisfacer mi deseo.
El emperador le respondió: 
- Por supuesto que puedo satisfacer tu deseo... ¿Cuál es?
Y el mendigo le dijo: 
- Piensa dos veces antes de prometer.
El emperador, comenzando a molestarse, insistió: 
- Te daré cualquier cosa que pidas. Soy una persona muy poderosa, y extremadamente rica... ¿qué puedes tú desear que yo no pueda darte?
El mendigo le dijo: 
- Es un deseo muy simple... ¿ves esta bolsa que llevo conmigo?... ¿puedes llenarla con algo valioso?
- Por supuesto - dijo el emperador.
Y Llamó a uno de sus servidores y le dijo: 
- Llena de dinero la bolsa de este hombre.
El servidor lo hizo... y el dinero, apenas ingresado a la bolsa, desapareció.
Echó más y más, y el mismo desaparecía al instante.
La bolsa del mendigo, por lo tanto, siempre estaba vacía.
El rumor de esta escena corrió rápidamente por toda la ciudad y entonces una gran multitud se reunió en el lugar, poniendo en juego el prestigio del emperador.
Entonces el emperador le dijo a sus servidores: 
- Estoy dispuesto a perder mi reino entero, pero este mendigo no se va a salir con la suya, ya que me dejará en ridículo frente al pueblo.
Diamantes, perlas, esmeraldas... uno a uno los tesoros del emperador iban ingresando en la bolsa, la cual no parecía tener fondo.
Todo lo que se colocaba en ella desaparecía inmediatamente.
Era el atardecer y habiendo quedado el emperador ya sin ninguna cosa que colocar en la bolsa del mendigo (habiendo llegado incluso a desprenderse de joyas que habían pertenecido a su familia por siglos), se tiró a los pies del mendigo y, admitiendo su derrota, le dijo: 
- Has ganado tú, pero antes que te vayas, satisface mi curiosidad: ¿cuál es el secreto de tu bolsa?
El mendigo le dijo: - ¿El secreto?... está simplemente hecha de los deseos del corazón humano.

Medítalo y actúa.
EL EXORCISTA.

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