Lo que hagas hoy, lo recibirás mañana, y te lo merecerás

Lo que hagas hoy, lo recibirás mañana, y te lo merecerás

 

Por qué siempre pagan los que no deben hacerlo?

Por qué cuesta tanto trabajo entender que quienes tienes alrededor son tu verdadera razón de ser?

Por qué somos tan ciegos ante las necesidades de quienes amamos?

Por qué somos tan indiferentes al dolor que sienten los que están cerca a nosotros?

Por qué luchamos por alguien, para luego abandonarlo a su suerte?

Por qué tardamos tanto en reconocer, en darnos cuenta?

Por qué tiene que ser la muerte la que nos recuerde quienes son nuestra prioridad?

 

Es fácil ser piadoso cuando se trata de otros, es fácil así ser compasivo.  Pero el verdadero reto, es distinto, aunque no lo queramos reconocer. 

Así es fácil escuchar, entender y razonar. 

Nos enternecemos y lloramos de dolor cuando vemos a un niño abandonado, cuando vemos a un secuestrado clamar por su familia, cuando vemos a un hombre ser torturado y humillado por sus enemigos. 

 

Pero…  sentimos lo mismo cuando el que llora es nuestro hijo?

No, a él le decimos: “Sea hombre, que por eso no se va a morir”. 

Y no lo apoyas, y lo humillas, y lo lastimas; y haces lo mismo que hicieron contigo y que tanto juraste que no repetirías.  Le haces lo mismo que te hicieron tus padres, les aplicas la furia de tu jefe, les pisoteas con tu propia angustia.  Los abandonas una y otra vez.  Luego el te hará lo mismo cuando seas viejo, y tu no lo entenderás; y el no se dará cuenta, pues tu le enseñaste que esa es la forma de amar.  Te darás golpes de pecho, y le echarás en cara todo lo que hiciste por él. 

Pero debes recordar, que él no te debe nada, fue tu elección traerlo a tu vida, consciente o inconscientemente.  Quizás fue tu deber, tu Karma, tu destino, depende de lo que creas tú… Y tú lo hiciste a tu imagen y semejanza. 

Lo que hagas hoy, lo recibirás mañana, y te lo merecerás, ojalá lo reconozcas, ojalá lo recuerdes.

 

Pero… sentimos lo mismo cuando la que llora es nuestra esposa, cuando es nuestro esposo?  Qué pasa cuando el o ella claman por su familia, porque hay secuestros más terribles que el físico.  El sicológico es peor; y es aún peor cuando tu secuestrador es aquel a quien amas, es aquella a quien elegiste para compartir tu vida.  Eso sí merece tu compasión, tus lágrimas; pero seguimos llorando solo a nuestros secuestrados, a los que están lejos de sus casas, y no miramos a las víctimas que tenemos a nuestro alrededor.  Por eso es que este tipo de violaciones jamás terminarán, mientras no nos demos cuenta, que no son más que una extensión de nuestra propia manera de vivir la vida.  Estamos tan acostumbrados a ser víctimas y victimarios, que cruzamos a diario la delgada línea que las diferencia, sin siquiera darnos cuenta y sin sentir remordimiento alguno.  Ni siquiera nos percatamos; porque estamos descompuestos por dentro.

 

Pero… sentimos lo mismo cuando nuestros padres, nuestros hijos y nuestros compañeros y compañeras, e incluso nuestros amigos, son torturados sentimentalmente y sicológicamente por nuestras iras, desconfianzas, celos y mentiras?  Nosotros somos los captores, y tenemos una facilidad descomunal para lastimar, y no nos importa.  Siempre tenemos la curita del perdón… y ya; pero el perdón es algo más grande; el perdón no es momentáneo; el verdadero perdón incluye un compromiso que nadie quiere enfrentar… Y es por eso que hoy te arrepientes, y mañana vuelves a lastimar con más fuerza, y lo seguirás haciendo hasta el último de tus días. 

Y luego te das golpes de pecho; porque todos te pagan mal.

 

Tú criticas y recriminas a los demás; pero deberías tener en cuenta que entre más chismoso eres con los defectos de los otros; seguramente más imperfecto eres hacia el interior de tu propia familia, más descuidado, más déspota.  Si estás criticando demasiado, es una alerta para ti mismo, es hora de mirarte honestamente. 

 

Por eso te ensañas con los demás, es solo una treta sicológica que te ayuda a subsistir; porque de lo contrario morirías de pena moral, por tu propia culpa.  No serías capaz de mirarte al espejo, porque comprenderías lo despreciables que son tus acciones diarias, lo falso de tus sentimientos; lo interesado, lo mentiroso que eres con todos los que te rodean; y es por eso que necesitas ser un moralista, una crítica; porque de esa forma te engañas un poco y te sientes mejor, al pensar que los demás son o están en peor situación que tu. 

 

Es cierto, es fácil ver la paja en el ojo del otro, e imposible ver la viga en el nuestro.  Todo lo de los demás nos da tema para hacernos ver como piadosos y buenos ante los demás; racionales, justos, conscientes; pero pareciera que tenemos desconectado nuestro mecanismo de piedad del cerebro; de hecho, ese mecanismo no es más que un disfraz; porque tratándose de nosotros, somos todo lo opuesto con nuestras familias.

 

No entendemos por qué otros no perdonan; no entendemos por qué otros no reconocen su agresividad, su falta de sentimientos buenos, su compasión. 


La única realidad es que no podemos entenderlo; porque somos iguales o peores... (Continuará)


Contáctanos:
tuliozuloaga@gmail.com

SUSCRIBETE

Suscribirte a EL EXORCISTA
Correo electrónico:

VISITANTES

Free Web Counter